/ miércoles 20 de diciembre de 2023

Hartazgo

Hace unos meses escribí acerca de un evento desagradable que viví en Morelia, donde allanaron mi casa y tuve que defenderla a punta de bala, al más puro estilo de Viejo Oeste o de película de los Almada, lo que dejó un estrés psicológico en mi familia, del que aún se recuperan. También les platiqué que la policía de Morelia llegó hasta el día siguiente, y solo para pedirme el registro del arma con la cual defendí mi propiedad y que está en orden desde hace más de 15 años, con su respectivo permiso de transportación.

El hecho sale a relucir otra vez, luego de que todo México vio el vídeo de un pequeño poblado defendiéndose de una docena de criminales que llegaron a extorsionarlos. Por salvaje que parezca, da gusto ver que el pueblo bueno y sabio comienza a levantar la cabeza, en lugares donde la población está a merced del narcotráfico. Si en una ciudad grande, capital de estado, sede de poderes, la policía tarda 12 horas en llegar, no quiero pensar cómo le hacen en sitios apartados como Texcatitlán.

En los virales videos que se esparcieron por las redes sociales, se observa cómo hombres y mujeres de Texcatitlán, armados algunos con armas cortas, retrocargas de cacería y rifles de pequeño calibre, pero sobre todo, con hoces y machetes la gran mayoría, logran reducir y terminan linchando a los criminales que portaban uniformes tácticos, chalecos antibalas y armas de asalto. La ventaja de los pobladores fue la desesperación, iban por todo o nada, hartos de vivir sometidos.

Y bueno realmente un arma blanca es más efectiva que una arma de fuego a distancias cortas, para la lucha cuerpo a cuerpo. Existe incluso la regla de Tueller, o de los 21 pies (menos de 7 metros), que es la distancia que tiene un defensor para poder parar una agresión con arma blanca, ya que a diferencia de las películas, en la vida real un solo disparo difícilmente detiene a un agresor decidido.

Por fortuna los malosos no conocían esa regla, lo que salvó la vida de muchos de los habitantes, de lo contrario, el enfrentamiento hubiese terminado en una masacre de pobladores, que de cualquier manera no se fueron sin bajas.

Cuando llegaron las autoridades, muchas horas después, se reportaron varios desaparecidos. Creo yo que varios de los pobladores corrieron a esconderse, y no precisamente de los malandros, sino de la policía que protege más a los delincuentes que a la gente que se defiende. Seguramente les iban a convidar una agüita mineral por la nariz para pedirles amablemente el registro de sus armas de chispa.

Es ahí cuando queda en evidencia la importancia de las armas de fuego y de una ciudadanía con el conocimiento para su uso, porque no se trata solo de adquirir un revólver y olvidarlo bajo el colchón. Hay que saber que una pistola moderna es más segura que un revólver, sobre todo donde hay niños, pero que hay que conocerla bien para evitar fallas de funcionamiento. Esa experiencia se adquiere o cazando, o en un campo de tiro, que no están al alcance de una gran mayoría.

No es posible que el pueblo se defienda con hoces y resorteras, todavía como en la Independencia, mientras los criminales se pasean impunes con rifles de asalto.

Ahora solo falta que luego de los hechos mencionados, la SEDENA también restrinja la tenencia de machetes y cuchillos. No vaya a ser que más criminales terminen muertos o heridos por Fuenteovejuna mientras hacen su chamba.

Hace unos meses escribí acerca de un evento desagradable que viví en Morelia, donde allanaron mi casa y tuve que defenderla a punta de bala, al más puro estilo de Viejo Oeste o de película de los Almada, lo que dejó un estrés psicológico en mi familia, del que aún se recuperan. También les platiqué que la policía de Morelia llegó hasta el día siguiente, y solo para pedirme el registro del arma con la cual defendí mi propiedad y que está en orden desde hace más de 15 años, con su respectivo permiso de transportación.

El hecho sale a relucir otra vez, luego de que todo México vio el vídeo de un pequeño poblado defendiéndose de una docena de criminales que llegaron a extorsionarlos. Por salvaje que parezca, da gusto ver que el pueblo bueno y sabio comienza a levantar la cabeza, en lugares donde la población está a merced del narcotráfico. Si en una ciudad grande, capital de estado, sede de poderes, la policía tarda 12 horas en llegar, no quiero pensar cómo le hacen en sitios apartados como Texcatitlán.

En los virales videos que se esparcieron por las redes sociales, se observa cómo hombres y mujeres de Texcatitlán, armados algunos con armas cortas, retrocargas de cacería y rifles de pequeño calibre, pero sobre todo, con hoces y machetes la gran mayoría, logran reducir y terminan linchando a los criminales que portaban uniformes tácticos, chalecos antibalas y armas de asalto. La ventaja de los pobladores fue la desesperación, iban por todo o nada, hartos de vivir sometidos.

Y bueno realmente un arma blanca es más efectiva que una arma de fuego a distancias cortas, para la lucha cuerpo a cuerpo. Existe incluso la regla de Tueller, o de los 21 pies (menos de 7 metros), que es la distancia que tiene un defensor para poder parar una agresión con arma blanca, ya que a diferencia de las películas, en la vida real un solo disparo difícilmente detiene a un agresor decidido.

Por fortuna los malosos no conocían esa regla, lo que salvó la vida de muchos de los habitantes, de lo contrario, el enfrentamiento hubiese terminado en una masacre de pobladores, que de cualquier manera no se fueron sin bajas.

Cuando llegaron las autoridades, muchas horas después, se reportaron varios desaparecidos. Creo yo que varios de los pobladores corrieron a esconderse, y no precisamente de los malandros, sino de la policía que protege más a los delincuentes que a la gente que se defiende. Seguramente les iban a convidar una agüita mineral por la nariz para pedirles amablemente el registro de sus armas de chispa.

Es ahí cuando queda en evidencia la importancia de las armas de fuego y de una ciudadanía con el conocimiento para su uso, porque no se trata solo de adquirir un revólver y olvidarlo bajo el colchón. Hay que saber que una pistola moderna es más segura que un revólver, sobre todo donde hay niños, pero que hay que conocerla bien para evitar fallas de funcionamiento. Esa experiencia se adquiere o cazando, o en un campo de tiro, que no están al alcance de una gran mayoría.

No es posible que el pueblo se defienda con hoces y resorteras, todavía como en la Independencia, mientras los criminales se pasean impunes con rifles de asalto.

Ahora solo falta que luego de los hechos mencionados, la SEDENA también restrinja la tenencia de machetes y cuchillos. No vaya a ser que más criminales terminen muertos o heridos por Fuenteovejuna mientras hacen su chamba.

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