/ domingo 3 de diciembre de 2023

Cicerón y la Vejez

“Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día”. Ernest Hemingway

Los años, el implacable tiempo, lento y perezoso pero constante, deteriora todas las cosas.

Nuestro sol, masa de gas y plasma que se encuentra a la mitad de su vida, poco a poco irá envejeciendo hasta su extinción dentro de 4,600 millones de años que morirá al consumirse el hidrógeno (71%) el helio y otros elementos más pesados. Si el astro rey es efímero, qué podemos decir de nuestra vida. La vejez no deja en paz a nadie.

El principal signo del paso de los años en el hombre y los animales superiores es sin duda algo inevitable, la pérdida de masa muscular, la temible sarcopenia que mengua el vigor físico. Desde el punto de vista filosófico mucho se ha reflexionado y desde el lado orgánico, desde el principio de la civilización se ha tratado y logrado en parte prolongar la existencia humana, pero jamás regresarla a los años mozos.

Con dos mil años de diferencia, hay dos interesantes propuestas sobre la vejez, una, la pesimista del filósofo italiano Norberto Bobbio (1909 – 2004) que no trataré, pero señalaba que la vejez es fea y, además, dura una eternidad y la optimista planteada un siglo A. C. por Marco Tulio Cicerón. El orador romano advertía que no es cierto que la senilidad destruya la vida profesional, en particular los que han cultivado la vida intelectual ejerciendo el ingenio que tienen los viejos. Hans-Georg Gadamer destacado por su obra Verdad y Método y por su renovación de la hermenéutica, la ciencia de la interpretación de textos que se remonta a la exégesis bíblica, a sus 101 años de edad afirmaba que la vida intelectual se mantiene con plenitud es ese estadio de la vida. Aquí intervengo, en el sustento, además de mantener activa la intelectualidad, también es hacerlo en el estado físico lo mejor posible, protegerlos con actividad siguiendo el principio del fisiólogo y neurólogo Premio Nobel 1904 Ivan Pavlov: “La fusión hace al órgano cerebral” mencionado en anteriores entregas. En otras palabras, lo que no se usa se daña, se menoscaba y su vida se acorta.

Cicerón partía de cuatro causas que parecieran hacer desventurada la vida del adulto mayor.

a) el cese de la vida profesional, b) las enfermedades, c) la privación de actividades placenteras y d) el pensamiento de muerte próxima. Agrego algo más, la soledad por pérdida de amigos y por el abandono de su progenie. Un anciano podrá tener hijos triunfadores en su familia, en la profesión y en los negocios, pero falta algo de suma importancia, la comunicación con la debida frecuencia, sea personal o por los medios actuales, charlar con él o ella, mostrar interés por su bienestar, por su salud. Serán hijos exitosos en familia propia y en sociedad, pero no son buenos hijos. No olviden que, con fortuna, también serán ancianos.

Motivo de estas líneas es el éxito del Simposio “El Adulto Mayor” que diseñamos y dirigí hace dos días en el marco de una reunión de líderes nacionales y asesores de los Clubes de Leones de México, Lions International, en la ciudad de San Luis Potosí, Los temas desarrollados fueron: Introducción. Choque generacional. Patologías del Adulto Mayor. Movilidad y accidentes. Sobrepeso, dieta y ejercicio. Maltrato y abandono. Integración del Adulto Mayor a la sociedad. Temas expuestos por prominentes médicos geriatras de esa bella ciudad y profesionales venidos de varios lugares del país.

Simposio que propondré llevarlo a efecto en fecha próxima en nuestra ciudad.

flokay33@gmail.com

“Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día”. Ernest Hemingway

Los años, el implacable tiempo, lento y perezoso pero constante, deteriora todas las cosas.

Nuestro sol, masa de gas y plasma que se encuentra a la mitad de su vida, poco a poco irá envejeciendo hasta su extinción dentro de 4,600 millones de años que morirá al consumirse el hidrógeno (71%) el helio y otros elementos más pesados. Si el astro rey es efímero, qué podemos decir de nuestra vida. La vejez no deja en paz a nadie.

El principal signo del paso de los años en el hombre y los animales superiores es sin duda algo inevitable, la pérdida de masa muscular, la temible sarcopenia que mengua el vigor físico. Desde el punto de vista filosófico mucho se ha reflexionado y desde el lado orgánico, desde el principio de la civilización se ha tratado y logrado en parte prolongar la existencia humana, pero jamás regresarla a los años mozos.

Con dos mil años de diferencia, hay dos interesantes propuestas sobre la vejez, una, la pesimista del filósofo italiano Norberto Bobbio (1909 – 2004) que no trataré, pero señalaba que la vejez es fea y, además, dura una eternidad y la optimista planteada un siglo A. C. por Marco Tulio Cicerón. El orador romano advertía que no es cierto que la senilidad destruya la vida profesional, en particular los que han cultivado la vida intelectual ejerciendo el ingenio que tienen los viejos. Hans-Georg Gadamer destacado por su obra Verdad y Método y por su renovación de la hermenéutica, la ciencia de la interpretación de textos que se remonta a la exégesis bíblica, a sus 101 años de edad afirmaba que la vida intelectual se mantiene con plenitud es ese estadio de la vida. Aquí intervengo, en el sustento, además de mantener activa la intelectualidad, también es hacerlo en el estado físico lo mejor posible, protegerlos con actividad siguiendo el principio del fisiólogo y neurólogo Premio Nobel 1904 Ivan Pavlov: “La fusión hace al órgano cerebral” mencionado en anteriores entregas. En otras palabras, lo que no se usa se daña, se menoscaba y su vida se acorta.

Cicerón partía de cuatro causas que parecieran hacer desventurada la vida del adulto mayor.

a) el cese de la vida profesional, b) las enfermedades, c) la privación de actividades placenteras y d) el pensamiento de muerte próxima. Agrego algo más, la soledad por pérdida de amigos y por el abandono de su progenie. Un anciano podrá tener hijos triunfadores en su familia, en la profesión y en los negocios, pero falta algo de suma importancia, la comunicación con la debida frecuencia, sea personal o por los medios actuales, charlar con él o ella, mostrar interés por su bienestar, por su salud. Serán hijos exitosos en familia propia y en sociedad, pero no son buenos hijos. No olviden que, con fortuna, también serán ancianos.

Motivo de estas líneas es el éxito del Simposio “El Adulto Mayor” que diseñamos y dirigí hace dos días en el marco de una reunión de líderes nacionales y asesores de los Clubes de Leones de México, Lions International, en la ciudad de San Luis Potosí, Los temas desarrollados fueron: Introducción. Choque generacional. Patologías del Adulto Mayor. Movilidad y accidentes. Sobrepeso, dieta y ejercicio. Maltrato y abandono. Integración del Adulto Mayor a la sociedad. Temas expuestos por prominentes médicos geriatras de esa bella ciudad y profesionales venidos de varios lugares del país.

Simposio que propondré llevarlo a efecto en fecha próxima en nuestra ciudad.

flokay33@gmail.com