/ miércoles 17 de enero de 2024

Violencia

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”. Elie Wiesel.

Partiendo que la violencia, como todo mal es la negación del bien, se entiende como el quebranto de la armonía entre los humanos que en cierta forma depende de las condiciones personales de cada individuo. En un ensayo de cuatro capítulos, Freud establece una analogía entre el impulso primitivo de la sociedad y el desarrollo de la psique del humano, ambivalencia que caracteriza la relación del complejo de Edipo. Estudio que plasma la hipótesis del eterno problema entre el deseo y la prohibición creadoras de crimen que se relaciona con lo que sustentó hace poco más de un siglo Cesare Lombroso al establecer la teoría antropológica del crimen.

Independiente de lo machacado referente al disparo de la delincuencia y el crimen en los últimos años es debida a la pobreza, a falta de oportunidades, al deterioro en la educación familiar y escolar y a la impunidad, indagando causas inherentes a las conductas humanas, los ilícitos surgen de la inadaptación o detrimento de las normas de la avenencia. Si la conducta antisocial está íntimamente ligada a la ruptura de las relaciones interfamiliares e interpersonales del infractor de la ley, se deduce que la delincuencia es parte de una intransigencia social de personas sin dejar de reconocer que existen diferencias individuales relacionadas con factores que influyen en la vida de los seres humanos.

Luego de estudios antropométricos en criminales en prisión, del citado médico Lombroso estableció la tesis del criminal nato. Estudio que echó por tierra el abogado y sociólogo Enrico Ferri que en síntesis plantea que “el criminal es producto del medio que le rodea”. Juicios que en la práctica se refieren al criminal de la calle como los hechos violentos que está sufriendo nuestro herido país, por lo tanto, aunque no es tema de esta columna, también deben analizarse los conflictos internacionales que llevan a las guerras entre las causantes de miles de víctimas inocentes.

Si aceptamos el origen social de la criminalidad, surge la pregunta ¿y cuál es la primera y trascendental sociedad en que se desarrolla el individuo? Sin discusión alguna es la familia, lugar donde, en primer lugar, debe enfocarse el combate a la criminalidad con el ejemplo y la conducta de los padres y de los mayores. Quizá más de alguno esté en desacuerdo y lo ubique, digamos en la calle, en las malas compañías, en la escuela etc., que si bien son lugares donde puede incubarse el crimen, en la mayoría de las veces se trata de un niño o un joven sin los principios morales y éticos que se adquieren en casa debido a la ignorancia o al abandono de los padres en cuanto al déficit o incapacidad de inspirar principios de respeto al bien y a la vida ajena.

No descubro el hilo negro, una y otra vez se repite por líderes de opinión y en círculos religiosos, empero, son palabras que se lleva el viento. Una propuesta sería, en principio, instituir clases de ética social y urbana en las escuelas elementales dando la misma importancia que a las ciencias, al lenguaje o a las matemáticas, involucrando, además, a maestros y padres de familia y hacer efectivo el trillado apotegma de Benito Juárez: “Entre los individuos cómo entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”, subrayo entre los individuos, para enfatizar el propósito de la iniciativa con signos de sueño guajiro. Pero al fin, no solo es señalar errores u omisiones, sino también proponer soluciones, así parezca una utopía.

flokay33@gmail.com

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”. Elie Wiesel.

Partiendo que la violencia, como todo mal es la negación del bien, se entiende como el quebranto de la armonía entre los humanos que en cierta forma depende de las condiciones personales de cada individuo. En un ensayo de cuatro capítulos, Freud establece una analogía entre el impulso primitivo de la sociedad y el desarrollo de la psique del humano, ambivalencia que caracteriza la relación del complejo de Edipo. Estudio que plasma la hipótesis del eterno problema entre el deseo y la prohibición creadoras de crimen que se relaciona con lo que sustentó hace poco más de un siglo Cesare Lombroso al establecer la teoría antropológica del crimen.

Independiente de lo machacado referente al disparo de la delincuencia y el crimen en los últimos años es debida a la pobreza, a falta de oportunidades, al deterioro en la educación familiar y escolar y a la impunidad, indagando causas inherentes a las conductas humanas, los ilícitos surgen de la inadaptación o detrimento de las normas de la avenencia. Si la conducta antisocial está íntimamente ligada a la ruptura de las relaciones interfamiliares e interpersonales del infractor de la ley, se deduce que la delincuencia es parte de una intransigencia social de personas sin dejar de reconocer que existen diferencias individuales relacionadas con factores que influyen en la vida de los seres humanos.

Luego de estudios antropométricos en criminales en prisión, del citado médico Lombroso estableció la tesis del criminal nato. Estudio que echó por tierra el abogado y sociólogo Enrico Ferri que en síntesis plantea que “el criminal es producto del medio que le rodea”. Juicios que en la práctica se refieren al criminal de la calle como los hechos violentos que está sufriendo nuestro herido país, por lo tanto, aunque no es tema de esta columna, también deben analizarse los conflictos internacionales que llevan a las guerras entre las causantes de miles de víctimas inocentes.

Si aceptamos el origen social de la criminalidad, surge la pregunta ¿y cuál es la primera y trascendental sociedad en que se desarrolla el individuo? Sin discusión alguna es la familia, lugar donde, en primer lugar, debe enfocarse el combate a la criminalidad con el ejemplo y la conducta de los padres y de los mayores. Quizá más de alguno esté en desacuerdo y lo ubique, digamos en la calle, en las malas compañías, en la escuela etc., que si bien son lugares donde puede incubarse el crimen, en la mayoría de las veces se trata de un niño o un joven sin los principios morales y éticos que se adquieren en casa debido a la ignorancia o al abandono de los padres en cuanto al déficit o incapacidad de inspirar principios de respeto al bien y a la vida ajena.

No descubro el hilo negro, una y otra vez se repite por líderes de opinión y en círculos religiosos, empero, son palabras que se lleva el viento. Una propuesta sería, en principio, instituir clases de ética social y urbana en las escuelas elementales dando la misma importancia que a las ciencias, al lenguaje o a las matemáticas, involucrando, además, a maestros y padres de familia y hacer efectivo el trillado apotegma de Benito Juárez: “Entre los individuos cómo entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”, subrayo entre los individuos, para enfatizar el propósito de la iniciativa con signos de sueño guajiro. Pero al fin, no solo es señalar errores u omisiones, sino también proponer soluciones, así parezca una utopía.

flokay33@gmail.com