/ lunes 24 de mayo de 2021

Calidez Humana

Últimamente se ha popularizado la palabra empatía, sobre todo para criticar la actuación del gobierno con los colectivos de madres de desaparecidos, con los heridos y muertos del accidente del metro y con el personal sanitario privado e incluso con el de instituciones públicas. La palabra empatía no me gusta por su paronimia con “simpatía”, y ser empático no significa ser simpático, más al contrario, la simpatía puede parecerse al sarcasmo.

Por eso: ¡Al carajo la empatía!

Como en el IMSS Guanajuato, la mayor parte de la zona Celaya continuamos sin la segunda dosis de vacuna para COVID 19, hace una semana nos invitaron al Hospital Regional del ISSSTE de León a completar el esquema. Luego de 4 horas de viaje por una de las carreteras más peligrosas del mundo, travesía que realicé solo por la esperanza de no volver a padecer el infierno del coronavirus, al llegar, no pude menos que recordar el cuento ruso del zorro y la grulla, donde el señor zorro invitó a comer a la señora grulla, de largo pico, y le sirvió en un plato extendido para que no pudiera probar bocado por más que ladeara el pico, mientras el zorro lamía hasta el un último resto de alimento del platón. Días después la grulla invitó al zorro y le colocó la comida en una jarra delgada y larga a donde el señor zorro no pudo introducir el hocico, mirando de reojo cómo la grulla se metía a la jarra desde el cuello para comer.

Dicen que desde entonces los zorros y las grullas no se llevan bien.

Algo parecido me ocurrió cuando al llegar al hospital del ISSSTE León, vi que los servidores de la nación vacunaban a los poquísimos trabajadores de ISSSTE que iban llegando cada 15 o 20 minutos, mientras que al personal del IMSS lo tenían como ganado vacuno, haciendo fila en el sol de mediodía, a las afueras del hospital, para al final no vacunarlos. Fue un espectáculo denigrante e indignante, sin que ninguna autoridad delegacional o sindical de nuestra empresa se hiciera presente para protestar ante el abuso de los “servidores de la nación”.

Así pues en el IMSS Guanajuato continuamos sin completar nuestro esquema, eso sí, ya con la exigencia de operar y dar consultas al doble de como lo hacíamos para completar las metas que exige la supervisión y que por la contingencia de meses anteriores no se alcanzaron.

No se trata de empatía, ni de simpatía como el chistorete del zorro y la grulla, sino de calidez humana con el personal del instituto que más vidas ha dejado en el camino por la protección de los mexicanos: el IMSS.

“Que se esperen hasta que les toque”, dijo el ganso. Desde entonces los médicos se hicieron enemigos y decidieron que el pueblo supiera lo que era estar un día sin ellos.

Últimamente se ha popularizado la palabra empatía, sobre todo para criticar la actuación del gobierno con los colectivos de madres de desaparecidos, con los heridos y muertos del accidente del metro y con el personal sanitario privado e incluso con el de instituciones públicas. La palabra empatía no me gusta por su paronimia con “simpatía”, y ser empático no significa ser simpático, más al contrario, la simpatía puede parecerse al sarcasmo.

Por eso: ¡Al carajo la empatía!

Como en el IMSS Guanajuato, la mayor parte de la zona Celaya continuamos sin la segunda dosis de vacuna para COVID 19, hace una semana nos invitaron al Hospital Regional del ISSSTE de León a completar el esquema. Luego de 4 horas de viaje por una de las carreteras más peligrosas del mundo, travesía que realicé solo por la esperanza de no volver a padecer el infierno del coronavirus, al llegar, no pude menos que recordar el cuento ruso del zorro y la grulla, donde el señor zorro invitó a comer a la señora grulla, de largo pico, y le sirvió en un plato extendido para que no pudiera probar bocado por más que ladeara el pico, mientras el zorro lamía hasta el un último resto de alimento del platón. Días después la grulla invitó al zorro y le colocó la comida en una jarra delgada y larga a donde el señor zorro no pudo introducir el hocico, mirando de reojo cómo la grulla se metía a la jarra desde el cuello para comer.

Dicen que desde entonces los zorros y las grullas no se llevan bien.

Algo parecido me ocurrió cuando al llegar al hospital del ISSSTE León, vi que los servidores de la nación vacunaban a los poquísimos trabajadores de ISSSTE que iban llegando cada 15 o 20 minutos, mientras que al personal del IMSS lo tenían como ganado vacuno, haciendo fila en el sol de mediodía, a las afueras del hospital, para al final no vacunarlos. Fue un espectáculo denigrante e indignante, sin que ninguna autoridad delegacional o sindical de nuestra empresa se hiciera presente para protestar ante el abuso de los “servidores de la nación”.

Así pues en el IMSS Guanajuato continuamos sin completar nuestro esquema, eso sí, ya con la exigencia de operar y dar consultas al doble de como lo hacíamos para completar las metas que exige la supervisión y que por la contingencia de meses anteriores no se alcanzaron.

No se trata de empatía, ni de simpatía como el chistorete del zorro y la grulla, sino de calidez humana con el personal del instituto que más vidas ha dejado en el camino por la protección de los mexicanos: el IMSS.

“Que se esperen hasta que les toque”, dijo el ganso. Desde entonces los médicos se hicieron enemigos y decidieron que el pueblo supiera lo que era estar un día sin ellos.