/ lunes 3 de agosto de 2020

Sistema educativo

Siempre he criticado al sistema educativo mexicano que desde párvulos intenta formar autómatas, listos para integrarse tarde o temprano al sistema capitalista, principalmente en las líneas de producción.

Todo lo que signifique un beneficio espiritual pasa a segundo plano para ceder la primacía a lo económico.

Tal vez si Vicente Fox no hubiese quitado hace 18 años el civismo y la filosofía del plan básico de estudios, hoy la mayoría de los mexicanos usaría el cubrebocas en las calles y no seríamos la tercera nación con más muertes por Coronavirus y el primer lugar de muertes entre el personal hospitalario, pero como no había beneficio económico a corto plazo en aquel entonces, lo más factible fue aumentar las horas de matemáticas, física y química.

Hoy no hay poder humano que haga sentir empatía hacia sus semejantes a las nuevas generaciones y convencerlos del uso del barbijo. Además del sistema de salud, falló el educativo.

Hasta el día de hoy, luego de 20 años de práctica médica sigo sin utilizar el cálculo integral en mi oficio y si uso la filosofía que aprendí por mi cuenta para la comprensión del dolor, el piano que aprendí en Bellas Artes para la habilidad y soltura de los dedos en el el ejercicio del bisturí, y la literatura me impide perderme en los laberintos que debo enfrentar donde todo tiene su coda inicial, su desarrollo y la coda final. Pero el cálculo integral o la trigonometría no los he vuelto a utilizar y tampoco creo que lo haga un psicólogo, un dentista o un alumno del conservatorio.

Las escuelas tienen águilas nacidas en jaula, golondrinas que no viajan, tigres a los que les liman los dientes y las uñas

Tiembla en la escuela y se derrumba, con los niños encerrados adentro, bajo 3 llaves. No lo merecen. No merecen.

Una cabeza que razona vive más intensamente que otras que ven solamente el exterior, y hacen cálculos y repiten cifras para terminar contando plata. La mejor manera de vivir, de viajar, de conocer, es razonar y no solo aprender y aplicar fórmulas prefabricadas que enseña el colegio, que angustian al borde del llanto a niños que nacieron genios, pero no lo saben ni nadie los detecta y lo que es peor, que a nadie les importan.

Se lo leí a un amigo: para ser genio no solo basta con serlo, hay que tener la suerte de haber nacido en la época exacta y en el entorno familiar adecuado ¿Si Mozart hubiese sido hijo de carpinteros habría destacado en su arte?, ¿si San José en vez ser un pobre carpintero hubiese sido comerciante, hoy conoceríamos a Jesús?. Vemos las estrellas sin mirarlas, sin razonar en ellas hasta que se nubla el cielo un mes entero.

Lo mejor y lo peor que les puede suceder a los niños es la educación en casa y no quiero poner ejemplos. Lo cierto es que nadie estaba preparado para la escuela a distancia: ni en los hogares donde ambos padres se ausentan para trabajar, ni en las comunidades rurales sis acceso a internet, mucho menos los profesores que egresaron de la escuela normal con un entrenamiento tradicional que se ha seguido desde la Grecia Clásica con el maestro sobre un templete al centro del ágora.

La escuela en México, tal como la conocemos, es un muerto que las olas devolvieron a la playa y que tarde o temprano habrá que sepultar.

Siempre he criticado al sistema educativo mexicano que desde párvulos intenta formar autómatas, listos para integrarse tarde o temprano al sistema capitalista, principalmente en las líneas de producción.

Todo lo que signifique un beneficio espiritual pasa a segundo plano para ceder la primacía a lo económico.

Tal vez si Vicente Fox no hubiese quitado hace 18 años el civismo y la filosofía del plan básico de estudios, hoy la mayoría de los mexicanos usaría el cubrebocas en las calles y no seríamos la tercera nación con más muertes por Coronavirus y el primer lugar de muertes entre el personal hospitalario, pero como no había beneficio económico a corto plazo en aquel entonces, lo más factible fue aumentar las horas de matemáticas, física y química.

Hoy no hay poder humano que haga sentir empatía hacia sus semejantes a las nuevas generaciones y convencerlos del uso del barbijo. Además del sistema de salud, falló el educativo.

Hasta el día de hoy, luego de 20 años de práctica médica sigo sin utilizar el cálculo integral en mi oficio y si uso la filosofía que aprendí por mi cuenta para la comprensión del dolor, el piano que aprendí en Bellas Artes para la habilidad y soltura de los dedos en el el ejercicio del bisturí, y la literatura me impide perderme en los laberintos que debo enfrentar donde todo tiene su coda inicial, su desarrollo y la coda final. Pero el cálculo integral o la trigonometría no los he vuelto a utilizar y tampoco creo que lo haga un psicólogo, un dentista o un alumno del conservatorio.

Las escuelas tienen águilas nacidas en jaula, golondrinas que no viajan, tigres a los que les liman los dientes y las uñas

Tiembla en la escuela y se derrumba, con los niños encerrados adentro, bajo 3 llaves. No lo merecen. No merecen.

Una cabeza que razona vive más intensamente que otras que ven solamente el exterior, y hacen cálculos y repiten cifras para terminar contando plata. La mejor manera de vivir, de viajar, de conocer, es razonar y no solo aprender y aplicar fórmulas prefabricadas que enseña el colegio, que angustian al borde del llanto a niños que nacieron genios, pero no lo saben ni nadie los detecta y lo que es peor, que a nadie les importan.

Se lo leí a un amigo: para ser genio no solo basta con serlo, hay que tener la suerte de haber nacido en la época exacta y en el entorno familiar adecuado ¿Si Mozart hubiese sido hijo de carpinteros habría destacado en su arte?, ¿si San José en vez ser un pobre carpintero hubiese sido comerciante, hoy conoceríamos a Jesús?. Vemos las estrellas sin mirarlas, sin razonar en ellas hasta que se nubla el cielo un mes entero.

Lo mejor y lo peor que les puede suceder a los niños es la educación en casa y no quiero poner ejemplos. Lo cierto es que nadie estaba preparado para la escuela a distancia: ni en los hogares donde ambos padres se ausentan para trabajar, ni en las comunidades rurales sis acceso a internet, mucho menos los profesores que egresaron de la escuela normal con un entrenamiento tradicional que se ha seguido desde la Grecia Clásica con el maestro sobre un templete al centro del ágora.

La escuela en México, tal como la conocemos, es un muerto que las olas devolvieron a la playa y que tarde o temprano habrá que sepultar.