/ domingo 28 de enero de 2024

A los Ciudadanos "Invisibles"

Buscando una línea más congruente y diáfana, estimados lectores de cualquier género natural o inventado; ahora en forma más directa, les escribo una carta, ya no a políticos o funcionarios, pues éstos tienen un mal endémico: La sordera, la ceguera y el mutismo, que no les permite siquiera, comprender a los ciudadanos, y que dicen, representar.

Y no se vayan a fastidiar y menos ofender: Vivimos en la inopia cívica. Situación por la cual, los políticos o funcionarios de todos los niveles, se ríen o se carcajean de nuestras vicisitudes, eso sí, en “campaña” se convierten en personajes preocupados y dispuestos a “echar toda la carne al asador”, en pro, de la ciudadanía. Haya quien se lo crea. En eso, mis estimados, se basa la “esperanza”, que se forja con la fe -sin nada que ver, con la teología o la religión o los dogmas ídem-; idea sobreexplotada por los candidatos en sus momentos de “lucidez cívica”, desde luego, con muy raras excepciones, -la lucidez, claro-.

No se trata tampoco, de una “carta a los reyes magos”, o una petición al gobierno. No. En ese punto, es recomendable olvidar por el momento a esa parte tan desarticulada socialmente. Qué quiero decir: No tiene sentido práctico creer que los candidatos van a cumplir su palabra en “transformar” lo que hay, y es simple, va contra sus intereses. Entonces, la ciudadanía: ¿Qué?

En primer lugar, debemos salir del confort y de una manía muy arraigada: echar la culpa a otros, de lo que nosotros mismos propiciamos y padecemos. Y la fórmula, aunque muy difundida, no se entiende, y menos se aplica en la vida real, cotidiana: La verdad nos hace libres. Y, por supuesto, y sin dar por descontado que la fórmula se refiere a la Verdad, que significa Dios, y al Amor cuya fuente es, precisamente Dios. No está exenta, dicha fórmula evangélica, de una aplicación mundana a otras acciones humanas, que, es claro, nos invita a alejarnos de lo opuesto, es decir, la mentira.

¿Qué pasa en el mundo actual, desde el ámbito político partidista? La mentira es la sustancia que mueve esa “política”. Con tal desparpajo que, incluso, se ve “natural” y la buena fe de algunos ciudadanos, llenos de “esperanza”, la creen como una verdad. Y vaya, esa tergiversación de la realidad, en que la Política, sirva para mejorar las vidas, en lugar de arruinar proyectos, instituciones, políticas públicas inteligentes y, por ende, que podrían ser útiles, eficaces y eficientes, como un mínimum ético-político, dejamos que “reine” la mentira, y no pocas veces, hasta nos montamos en esa ficción, en esa falsedad. Es lo que hay.

No dejar de ver, que, los Partidos Políticos, otrora un medio digno, democrático, representativo, aglutinador de diversas ideas, de propuestas, de participación, etcétera -al menos en la teoría constitucional-; ya, hoy, no lo son y, peor, no lo serán, por una sencilla causa: Son “centros” de ambición por el poder, los negocios chuecos, las mochadas y pagos de cuotas o facturas políticas. No hay quien se salve. Están inmersos, o cautivos por una miope visión social, por la mediocridad, son contrarios de la verdad. Tal vez muchos del “otro PAN”, por eso desconfían y acaban no votando, e irónicamente, dejando “ganar” a los que no quieren, a los que no les creen y de paso, perjudicando a otros, a los que tienen una fe ciega, a los esperanzados. En fin.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: La autocrítica, no es de ningún modo, perjudicial, ni debemos temer algún resultado que nos abra una verdad: Estamos equivocados al creer en las mentiras. Porque eso, da pie a otra situación magna y hasta de sabios: Repensar, reconsiderar, cambiar para bien, vaya pues, reconocer el error y componerlo, corregirlo. Esa verdad, nos liberaría del dominio o la dominación crasa, de esa élites incrustadas y apalancadas con la mentira, con el engaño, con la maldad. Desde luego, que ya están pensando: ¿Y cómo? Ya iremos en adelante, desojando esa flor, llamada política democrática. No permitamos o aceptemos que la mentira, es superflua, como creen esos políticos, pues a ellos importa, soló una cosa: El poder y su perpetuación. Es lo que hay, cuídense.

Buscando una línea más congruente y diáfana, estimados lectores de cualquier género natural o inventado; ahora en forma más directa, les escribo una carta, ya no a políticos o funcionarios, pues éstos tienen un mal endémico: La sordera, la ceguera y el mutismo, que no les permite siquiera, comprender a los ciudadanos, y que dicen, representar.

Y no se vayan a fastidiar y menos ofender: Vivimos en la inopia cívica. Situación por la cual, los políticos o funcionarios de todos los niveles, se ríen o se carcajean de nuestras vicisitudes, eso sí, en “campaña” se convierten en personajes preocupados y dispuestos a “echar toda la carne al asador”, en pro, de la ciudadanía. Haya quien se lo crea. En eso, mis estimados, se basa la “esperanza”, que se forja con la fe -sin nada que ver, con la teología o la religión o los dogmas ídem-; idea sobreexplotada por los candidatos en sus momentos de “lucidez cívica”, desde luego, con muy raras excepciones, -la lucidez, claro-.

No se trata tampoco, de una “carta a los reyes magos”, o una petición al gobierno. No. En ese punto, es recomendable olvidar por el momento a esa parte tan desarticulada socialmente. Qué quiero decir: No tiene sentido práctico creer que los candidatos van a cumplir su palabra en “transformar” lo que hay, y es simple, va contra sus intereses. Entonces, la ciudadanía: ¿Qué?

En primer lugar, debemos salir del confort y de una manía muy arraigada: echar la culpa a otros, de lo que nosotros mismos propiciamos y padecemos. Y la fórmula, aunque muy difundida, no se entiende, y menos se aplica en la vida real, cotidiana: La verdad nos hace libres. Y, por supuesto, y sin dar por descontado que la fórmula se refiere a la Verdad, que significa Dios, y al Amor cuya fuente es, precisamente Dios. No está exenta, dicha fórmula evangélica, de una aplicación mundana a otras acciones humanas, que, es claro, nos invita a alejarnos de lo opuesto, es decir, la mentira.

¿Qué pasa en el mundo actual, desde el ámbito político partidista? La mentira es la sustancia que mueve esa “política”. Con tal desparpajo que, incluso, se ve “natural” y la buena fe de algunos ciudadanos, llenos de “esperanza”, la creen como una verdad. Y vaya, esa tergiversación de la realidad, en que la Política, sirva para mejorar las vidas, en lugar de arruinar proyectos, instituciones, políticas públicas inteligentes y, por ende, que podrían ser útiles, eficaces y eficientes, como un mínimum ético-político, dejamos que “reine” la mentira, y no pocas veces, hasta nos montamos en esa ficción, en esa falsedad. Es lo que hay.

No dejar de ver, que, los Partidos Políticos, otrora un medio digno, democrático, representativo, aglutinador de diversas ideas, de propuestas, de participación, etcétera -al menos en la teoría constitucional-; ya, hoy, no lo son y, peor, no lo serán, por una sencilla causa: Son “centros” de ambición por el poder, los negocios chuecos, las mochadas y pagos de cuotas o facturas políticas. No hay quien se salve. Están inmersos, o cautivos por una miope visión social, por la mediocridad, son contrarios de la verdad. Tal vez muchos del “otro PAN”, por eso desconfían y acaban no votando, e irónicamente, dejando “ganar” a los que no quieren, a los que no les creen y de paso, perjudicando a otros, a los que tienen una fe ciega, a los esperanzados. En fin.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: La autocrítica, no es de ningún modo, perjudicial, ni debemos temer algún resultado que nos abra una verdad: Estamos equivocados al creer en las mentiras. Porque eso, da pie a otra situación magna y hasta de sabios: Repensar, reconsiderar, cambiar para bien, vaya pues, reconocer el error y componerlo, corregirlo. Esa verdad, nos liberaría del dominio o la dominación crasa, de esa élites incrustadas y apalancadas con la mentira, con el engaño, con la maldad. Desde luego, que ya están pensando: ¿Y cómo? Ya iremos en adelante, desojando esa flor, llamada política democrática. No permitamos o aceptemos que la mentira, es superflua, como creen esos políticos, pues a ellos importa, soló una cosa: El poder y su perpetuación. Es lo que hay, cuídense.

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