/ domingo 19 de noviembre de 2023

La Política, A La Basura

Podría, en primera vista, parecer un tanto exagerado el título de esta colaboración para hoy. Igual, merecería otro destino. Incluso, exponerla como una posibilidad, o una duda. Entonces: ¿Por qué lo drástico? En estos tiempos, concretamente, sexenales, debemos ver, convencido estoy, los hechos antes que el mero discurso.

Es evidente que el concepto “basura”, se identifica como un residuo, que se considera ya no tiene uso, que no sirve, o a perdido su utilidad o sus propiedades y se debe desechar. Aunque eso no es estricto dado que existe la posibilidad, en ciertos casos, de su reciclaje. Además, si la basura se considera un problema cotidiano, hay soluciones en marcha, desde la política pública. En fin.

Se puede conocer en forma directa o indirecta, cuáles son los hechos que van marcando el camino, el ejercicio político de lo que se ha llamado con eufemismo, la 4T. Y que, aunque se pueda considerar según la perspectiva, son los hechos los que, insisto, deben analizarse. En este punto hay una constante que ya se convirtió en la “marca”: El desdén por la Constitución. No se requiere más que un buen sentido, para ver que, sin atavismos o dogmas jurídicos y/o políticos, no hay respeto de la norma máxima. El colmo de los colmos, ya no fue por el forzado inquilino de Palacio, sino desde otro Poder, en su bastión la SCJN. Uno de sus prominentes miembros, el ministro Arturo Saldívar Lelo de Larrea, ha presentado su renuncia. Con la singularidad de que lo hizo -más mediático, que legalmente- sin respeto a la norma máxima: Es exigencia tener causas graves, con todo y la ambigüedad del precepto. Podría ser por falta de salud en todos los órdenes, por ejemplo. No, porque ahora quiera “jugar” en la política, ni porque esté agotado o fastidiado, si así se puede tomar que, como él dijo, se haya “agotado su ciclo en la Corte”. Y vaya, no es que quiera yo que tal individuo siga como ministro. Se trata de que hoy, la Carta Magna, “sirva como papel de baño.”

Ya no tiene caso decir o analizar que faltaría -si hubiera pues una razón válida de la renuncia- saber que dice el preciso y luego el Senado, de esa decisión de Saldívar. Porque sería entrar al juego distorsionador. De la misma manera, hay quien podría decir: La causa grave, es precisamente la afrenta del ministro al Orden Constitucional. Tampoco, es discutir si puede o no, ipso facto, agregarse a una tarea política. Existe la posibilidad que se interprete su decisión de retirase antes de su plazo como ministro -le falta un año- de que ejerce un Derecho Fundamental: su voluntad personal, que llevaría a una decisión “incausada”, o sea, sin causa. Sólo porque tiene el Derecho de la decisión.

La reflexión, estimados lectores -sin importar género- debe ser de mayor fondo: El rompimiento al orden legal, al orden constitucional (Ya sin mayúsculas). ¿Esas élites pueden hacer lo que les plazca, según su personal interés o deberían acatar la Ley Máxima? Bien pudiera ser que la Constitución sea obsoleta, según la perspectiva política de los “cuatroteístas”, luego, hay el camino, el proceso de hacer iniciativas, reformas, incluso, una nueva Constitución, aunque, falta lo que diga quien en verdad tiene la Soberanía, el Pueblo. No desde una simplona semántica, ni adjetivado de “bueno, o malo”. Sino desde la participación cívica y sus mecanismos constitucionales, por más que sean desdeñados, es lo que hay.


No se trata pues, de las “estrategias” políticas para imponer a otro ministro afín al régimen actual. Esas argucias son inapropiadas, incluso, ilegales. Ni por frustración del ministro mencionado, porque ya no es “presidente”, ni marca rumbo, ni puede ejercer a sus anchas la complacencia de su “jefe”. El punto, es la violación de la Carta Magna y lo peor, que se esté haciendo “normal”. Saldívar, se destapa como otro fanfarrón, aunque ya se sabía sin necesidad de agudeza de observación. No le importa que debería esperar dos años para entrar a la política, se va a agazapar en alguna oscura participación, creyendo que la señora C, ganará. Y bueno, es su derrota anticipada. En fin.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: La élite política, sea cualquiera su tiempo, su momento, debe respetar los Estatutos Constitucionales, que ellos y por eso, sobre todo, no “inventaron”, ni impusieron. Son producto de un proceso histórico, no de ocurrencias a modo. Una etapa llamada la Revolución Mexicana, que se rememora el día de mañana, precisamente. Tal vez haya sido, según la óptica de los magentas, una tercera oportunidad de hacer Patria, aunque eso es discutible y mucho, sobre todo que fue un proceso político inacabado, tergiversado, desviado incluso, desde su inicio. Y querer imponer una cuarta oportunidad, es una ocurrencia, tal vez hasta de ingenio político, pero los hechos indican que es falaz. En cambio, la Revolución Mexicana, esa sí, una gran muestra de cómo los mexicanos respondemos ante la historia, también, sí, a nuestro estilo perfectible. De ahí, que le esperanza popular, no sea, ni será propiedad de ningún Partido Político, de ningún líder, verdadero o falaz. Es del Pueblo y se resolverá con el Poder Ciudadano, aunque incipiente, o incomprendido, al final marca el rumbo, desde las urnas y, sin ser adivino, ya se vislumbra. No se trata de una crisis constitucional, sino política y se está yendo a la basura. Es lo que hay. Cuídense mucho.

Podría, en primera vista, parecer un tanto exagerado el título de esta colaboración para hoy. Igual, merecería otro destino. Incluso, exponerla como una posibilidad, o una duda. Entonces: ¿Por qué lo drástico? En estos tiempos, concretamente, sexenales, debemos ver, convencido estoy, los hechos antes que el mero discurso.

Es evidente que el concepto “basura”, se identifica como un residuo, que se considera ya no tiene uso, que no sirve, o a perdido su utilidad o sus propiedades y se debe desechar. Aunque eso no es estricto dado que existe la posibilidad, en ciertos casos, de su reciclaje. Además, si la basura se considera un problema cotidiano, hay soluciones en marcha, desde la política pública. En fin.

Se puede conocer en forma directa o indirecta, cuáles son los hechos que van marcando el camino, el ejercicio político de lo que se ha llamado con eufemismo, la 4T. Y que, aunque se pueda considerar según la perspectiva, son los hechos los que, insisto, deben analizarse. En este punto hay una constante que ya se convirtió en la “marca”: El desdén por la Constitución. No se requiere más que un buen sentido, para ver que, sin atavismos o dogmas jurídicos y/o políticos, no hay respeto de la norma máxima. El colmo de los colmos, ya no fue por el forzado inquilino de Palacio, sino desde otro Poder, en su bastión la SCJN. Uno de sus prominentes miembros, el ministro Arturo Saldívar Lelo de Larrea, ha presentado su renuncia. Con la singularidad de que lo hizo -más mediático, que legalmente- sin respeto a la norma máxima: Es exigencia tener causas graves, con todo y la ambigüedad del precepto. Podría ser por falta de salud en todos los órdenes, por ejemplo. No, porque ahora quiera “jugar” en la política, ni porque esté agotado o fastidiado, si así se puede tomar que, como él dijo, se haya “agotado su ciclo en la Corte”. Y vaya, no es que quiera yo que tal individuo siga como ministro. Se trata de que hoy, la Carta Magna, “sirva como papel de baño.”

Ya no tiene caso decir o analizar que faltaría -si hubiera pues una razón válida de la renuncia- saber que dice el preciso y luego el Senado, de esa decisión de Saldívar. Porque sería entrar al juego distorsionador. De la misma manera, hay quien podría decir: La causa grave, es precisamente la afrenta del ministro al Orden Constitucional. Tampoco, es discutir si puede o no, ipso facto, agregarse a una tarea política. Existe la posibilidad que se interprete su decisión de retirase antes de su plazo como ministro -le falta un año- de que ejerce un Derecho Fundamental: su voluntad personal, que llevaría a una decisión “incausada”, o sea, sin causa. Sólo porque tiene el Derecho de la decisión.

La reflexión, estimados lectores -sin importar género- debe ser de mayor fondo: El rompimiento al orden legal, al orden constitucional (Ya sin mayúsculas). ¿Esas élites pueden hacer lo que les plazca, según su personal interés o deberían acatar la Ley Máxima? Bien pudiera ser que la Constitución sea obsoleta, según la perspectiva política de los “cuatroteístas”, luego, hay el camino, el proceso de hacer iniciativas, reformas, incluso, una nueva Constitución, aunque, falta lo que diga quien en verdad tiene la Soberanía, el Pueblo. No desde una simplona semántica, ni adjetivado de “bueno, o malo”. Sino desde la participación cívica y sus mecanismos constitucionales, por más que sean desdeñados, es lo que hay.


No se trata pues, de las “estrategias” políticas para imponer a otro ministro afín al régimen actual. Esas argucias son inapropiadas, incluso, ilegales. Ni por frustración del ministro mencionado, porque ya no es “presidente”, ni marca rumbo, ni puede ejercer a sus anchas la complacencia de su “jefe”. El punto, es la violación de la Carta Magna y lo peor, que se esté haciendo “normal”. Saldívar, se destapa como otro fanfarrón, aunque ya se sabía sin necesidad de agudeza de observación. No le importa que debería esperar dos años para entrar a la política, se va a agazapar en alguna oscura participación, creyendo que la señora C, ganará. Y bueno, es su derrota anticipada. En fin.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: La élite política, sea cualquiera su tiempo, su momento, debe respetar los Estatutos Constitucionales, que ellos y por eso, sobre todo, no “inventaron”, ni impusieron. Son producto de un proceso histórico, no de ocurrencias a modo. Una etapa llamada la Revolución Mexicana, que se rememora el día de mañana, precisamente. Tal vez haya sido, según la óptica de los magentas, una tercera oportunidad de hacer Patria, aunque eso es discutible y mucho, sobre todo que fue un proceso político inacabado, tergiversado, desviado incluso, desde su inicio. Y querer imponer una cuarta oportunidad, es una ocurrencia, tal vez hasta de ingenio político, pero los hechos indican que es falaz. En cambio, la Revolución Mexicana, esa sí, una gran muestra de cómo los mexicanos respondemos ante la historia, también, sí, a nuestro estilo perfectible. De ahí, que le esperanza popular, no sea, ni será propiedad de ningún Partido Político, de ningún líder, verdadero o falaz. Es del Pueblo y se resolverá con el Poder Ciudadano, aunque incipiente, o incomprendido, al final marca el rumbo, desde las urnas y, sin ser adivino, ya se vislumbra. No se trata de una crisis constitucional, sino política y se está yendo a la basura. Es lo que hay. Cuídense mucho.

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