/ domingo 25 de julio de 2021

Demagogia, La Tónica Actual

En cualquier régimen político, surgen actores que quieren dejar huella. Y en el actual, no hay excepción. Se puede decir, que es, hasta normal tal tendencia. Tal propensión tiene momentos críticos, álgidos, incluso, débiles o peligrosos, desde un punto de caer en desvíos, o abusos de poder.

El gobierno que dice encabezar, a “nombre de los mexicanos”, el Presidente de la República, va cada día más, hacia esa tendencia, que para muchos es empecinada y riesgosa. La propuesta, por ejemplo, de someter a juicio a determinados ex presidentes, tiene un alto sentido de propaganda política, que resulta con elementos muy visibles: 1. Es una campaña obsesiva hacia acciones legales, que aunque en apariencia combaten la corrupción, serán de resultado incierto o de plano, nulo; en razón de que cualquier desliz penal estará prescrito y, aunque hubiera alguna norma jurídica de nuevo cuño, no se debe aplicar en forma retroactiva; 2. Tiene dicha campaña, elementos altamente psicológicos, para sectores sociales, que de siempre, han visto burlados o lastimados sus intereses, o que no han sido considerados para decidir sobre acciones, como la propuesta de “castigar” la corrupción oficial; lo que resulta cierto al ser un reclamo social y es eso, lo que precisamente se explota para impulsar tal campaña, que en el fondo es para mejorar el posicionamiento del Presidente; 3. En gran contradicción, la campaña dicha, es costosa. Se estima en más de 500 millones de pesos, lo que es obvio, no respeta la austeridad y en realidad, es un gasto de propaganda política disfrazada de combate a la corrupción, dejando de lado satisfacer otras necesidades sociales, de mayor apremio; lo que trae a colación otro abuso: Las mentadas mañaneras, que cuestan al Pueblo (dado que salen del Erario Público) alrededor de 13 mil pesos por un segundo de tiempo, y se ha estimado que el costo promedio diario es de 130 millones de pesos; el cuestionamiento obvio: ¿No hay mejor destino de esos dineros, que satisfacer la vanidad política? 4. Otro efecto de la campaña, es sin duda, mantener distraída a la ciudadanía, y ese método es ya una costumbre arraigada en el sistema político mexicano, no es privativo del presente régimen, aunque es justo decir, que sí es usado con exceso. Expongo lo hechos, nada más.

Esta sola muestra de ejemplo, nos obliga a la sana reflexión ciudadana: ¿Hasta dónde se debe permitir los dislates de los actores políticos? No hay persona en su sano juicio que pueda negar esos hechos notorios: El dispendio, el abuso de poder, la demagogia, el abandono criminal de sectores sociales, etc. ¿Hasta dónde llegará esa situación? No importa el sujeto, más que los efectos.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Es realmente de gran preocupación, que a estas alturas, tengamos que estar sufriendo de ocurrencias de un gobernante, que asegura la austeridad –y realmente realizó acciones- pero como dice el conocido adagio: “… en las mulas de mi compadre”, aunque para su solaz político personal, no tiene empacho y menos medida, para gastar sin provecho social, cientos de millones de pesos del Erario Público. ¿Pasará sólo en México? Hay ejemplos vivos y cercanos de oposición popular en otros países, a situaciones similares, -Centroamérica, por mencionar- porque en México, para eso es la Soberanía Popular que nos garantiza el artículo 39 de nuestra vilipendiada Carta Magna. O es que aquí, más cuenta la “victoria política” que la verdad. Mis estimados, como es usual, los invito a la sana reflexión y por supuesto, tienen ustedes la última opinión. Cuídense, la pandemia al igual que la corrupción, no cejan.

En cualquier régimen político, surgen actores que quieren dejar huella. Y en el actual, no hay excepción. Se puede decir, que es, hasta normal tal tendencia. Tal propensión tiene momentos críticos, álgidos, incluso, débiles o peligrosos, desde un punto de caer en desvíos, o abusos de poder.

El gobierno que dice encabezar, a “nombre de los mexicanos”, el Presidente de la República, va cada día más, hacia esa tendencia, que para muchos es empecinada y riesgosa. La propuesta, por ejemplo, de someter a juicio a determinados ex presidentes, tiene un alto sentido de propaganda política, que resulta con elementos muy visibles: 1. Es una campaña obsesiva hacia acciones legales, que aunque en apariencia combaten la corrupción, serán de resultado incierto o de plano, nulo; en razón de que cualquier desliz penal estará prescrito y, aunque hubiera alguna norma jurídica de nuevo cuño, no se debe aplicar en forma retroactiva; 2. Tiene dicha campaña, elementos altamente psicológicos, para sectores sociales, que de siempre, han visto burlados o lastimados sus intereses, o que no han sido considerados para decidir sobre acciones, como la propuesta de “castigar” la corrupción oficial; lo que resulta cierto al ser un reclamo social y es eso, lo que precisamente se explota para impulsar tal campaña, que en el fondo es para mejorar el posicionamiento del Presidente; 3. En gran contradicción, la campaña dicha, es costosa. Se estima en más de 500 millones de pesos, lo que es obvio, no respeta la austeridad y en realidad, es un gasto de propaganda política disfrazada de combate a la corrupción, dejando de lado satisfacer otras necesidades sociales, de mayor apremio; lo que trae a colación otro abuso: Las mentadas mañaneras, que cuestan al Pueblo (dado que salen del Erario Público) alrededor de 13 mil pesos por un segundo de tiempo, y se ha estimado que el costo promedio diario es de 130 millones de pesos; el cuestionamiento obvio: ¿No hay mejor destino de esos dineros, que satisfacer la vanidad política? 4. Otro efecto de la campaña, es sin duda, mantener distraída a la ciudadanía, y ese método es ya una costumbre arraigada en el sistema político mexicano, no es privativo del presente régimen, aunque es justo decir, que sí es usado con exceso. Expongo lo hechos, nada más.

Esta sola muestra de ejemplo, nos obliga a la sana reflexión ciudadana: ¿Hasta dónde se debe permitir los dislates de los actores políticos? No hay persona en su sano juicio que pueda negar esos hechos notorios: El dispendio, el abuso de poder, la demagogia, el abandono criminal de sectores sociales, etc. ¿Hasta dónde llegará esa situación? No importa el sujeto, más que los efectos.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Es realmente de gran preocupación, que a estas alturas, tengamos que estar sufriendo de ocurrencias de un gobernante, que asegura la austeridad –y realmente realizó acciones- pero como dice el conocido adagio: “… en las mulas de mi compadre”, aunque para su solaz político personal, no tiene empacho y menos medida, para gastar sin provecho social, cientos de millones de pesos del Erario Público. ¿Pasará sólo en México? Hay ejemplos vivos y cercanos de oposición popular en otros países, a situaciones similares, -Centroamérica, por mencionar- porque en México, para eso es la Soberanía Popular que nos garantiza el artículo 39 de nuestra vilipendiada Carta Magna. O es que aquí, más cuenta la “victoria política” que la verdad. Mis estimados, como es usual, los invito a la sana reflexión y por supuesto, tienen ustedes la última opinión. Cuídense, la pandemia al igual que la corrupción, no cejan.