/ domingo 6 de junio de 2021

Política, Elecciones Y Alternancia

Votar o no votar, parece el dilema de hoy. Los ciudadanos pensantes es factible que ya hayan tomado una decisión para ejercer su derecho y cumplir con su obligación: El sufragio efectivo. Esa prerrogativa que, sin duda ha costado mucho, incluso, vidas humanas. No olvidamos que las mujeres no podían votar, hasta bien entrado el siglo XX –un poco más de la mitad de tal ciclo- y que fue la bandera de una transición real, es decir, desde que Panchito Madero, logró ganar las elecciones y así, terminar con un ciclo que, a querer o no, fue en su tiempo, necesario para que en México, hubiera un desarrollo e infraestructura política, socioeconómica, que aún hoy, ha dejado su impronta –sin poner en la mesa de discusión sus debilidades o deudas sociales, por una sencilla razón indiscutible: ningún régimen o sistema político, es perfecto-.

La fórmula “Sufragio Efectivo. No Reelección”, a la distancia, ha sido sólo un ideal, no se concretó por diversas situaciones, la más toral, es la idiosincrasia nacional, entre abulia, desinterés o inhibición en participación cívica, leyes a modo que favorecen la antidemocracia de manera velada o burda, el mantener jodido al Pueblo, y un largo etcétera. En tanto, creció el desencanto en los políticos, generalmente considerados por el vulgo –por supuesto, gracias a un mal ejercicio- como mentirosos, oportunistas, incluso, con un sello en la frente: Corrupción y, todo lo que genera e implica. Y en gran simulación, o de menos ironía o burla, ha sido bandera de campaña su abatimiento, no sólo por el “tlatoani” (literalmente significa “orador o el que habla”) –que ya se siente más el Quetzalcóatl-, sino por otros políticos de antaño, (Priístas o Neopanistas) ni modo que ya olvidemos el tan famoso como demagógico lema: “La Renovación Moral”. ¿Cómo reclamar, sino mejor convencer a los del “otro Pan”? (Partido Abstencionista Nacional) Hoy ejercerán su derecho –en forma negativa-, pero eludirán su obligación. En fin.

El panorama real, resulta un tanto nebuloso: Las opciones son obtusas, con raras excepciones. Tenemos todavía encima el asunto de la Pandemia, con todo y la política sanitaria de bombos y platillo: La vacunación, que hay va, pero todavía no se debe cantar victoria y no lo digo sólo por denostar al régimen, sino que son datos duros a nivel mundial: No hay quien pueda asegurar cuándo se acaba. Y claro, ya duró demasiado, con los estragos obvios. Alrededor de 117 millones de personas infectadas y 2.6 millones de decesos, ambos por Covid-19, según cuentas de la OMS. Mientras algunos mexicanos se rompen las vestiduras políticas, por ir o estar en contra del régimen y su “líder” –ya saben quién- y en un divisionismo que cada día es más intolerante y claro, en posturas antidemocráticas. En eso y más, estamos ante la jornada electoral, que algunos exagerados aseguran es la más importante de la historia reciente, incluso, dicen que es la “última oportunidad”, antes de pasar el umbral hacia un totalitarismo disfrazado de “izquierda”, cuando más bien, va más hacia el lado contrario, dada la personalidad bizarra con que resultó el “nuevo Quetzalcóatl.” (Por más que adolece de las características: alto, blanco, barbado y sabio); de risa, o, ¿Preocupación? El otro, fue JoLoPo, que también creyó, se acercaba. Así que saquen sus conclusiones.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: ¡Salgamos a votar! Ése es el punto definitorio. Y sí, estoy de acuerdo en qué se debe frenar cualquier intento de sobre-representación, porque efectivamente, se cae en un totalitarismo, por más que se den baños democráticos. En Guanajuato, somos ejemplo vivo de antidemocracia, tenemos un Congreso con una virtual mayoría absoluta: casi un 99% de azules. El equilibrio representativo, incluso, en donde las minorías no pierdan voz y menos, voto, sigue siendo parte del ideal democrático, por más que tenga sus debilidades o grandes pecados, que amplían la deuda social de nuestro tiempo: El bienestar común. La esperanza es, en el caso mexicano, de tontos o alienados, necesitamos concreciones, sustento político, soluciones reales, no ser “rescatados” por el mismo verdugo, que nos tiene asolados. En fin. Antes de cruzar la boleta, reflexionemos una vez más. Cuídense.

Votar o no votar, parece el dilema de hoy. Los ciudadanos pensantes es factible que ya hayan tomado una decisión para ejercer su derecho y cumplir con su obligación: El sufragio efectivo. Esa prerrogativa que, sin duda ha costado mucho, incluso, vidas humanas. No olvidamos que las mujeres no podían votar, hasta bien entrado el siglo XX –un poco más de la mitad de tal ciclo- y que fue la bandera de una transición real, es decir, desde que Panchito Madero, logró ganar las elecciones y así, terminar con un ciclo que, a querer o no, fue en su tiempo, necesario para que en México, hubiera un desarrollo e infraestructura política, socioeconómica, que aún hoy, ha dejado su impronta –sin poner en la mesa de discusión sus debilidades o deudas sociales, por una sencilla razón indiscutible: ningún régimen o sistema político, es perfecto-.

La fórmula “Sufragio Efectivo. No Reelección”, a la distancia, ha sido sólo un ideal, no se concretó por diversas situaciones, la más toral, es la idiosincrasia nacional, entre abulia, desinterés o inhibición en participación cívica, leyes a modo que favorecen la antidemocracia de manera velada o burda, el mantener jodido al Pueblo, y un largo etcétera. En tanto, creció el desencanto en los políticos, generalmente considerados por el vulgo –por supuesto, gracias a un mal ejercicio- como mentirosos, oportunistas, incluso, con un sello en la frente: Corrupción y, todo lo que genera e implica. Y en gran simulación, o de menos ironía o burla, ha sido bandera de campaña su abatimiento, no sólo por el “tlatoani” (literalmente significa “orador o el que habla”) –que ya se siente más el Quetzalcóatl-, sino por otros políticos de antaño, (Priístas o Neopanistas) ni modo que ya olvidemos el tan famoso como demagógico lema: “La Renovación Moral”. ¿Cómo reclamar, sino mejor convencer a los del “otro Pan”? (Partido Abstencionista Nacional) Hoy ejercerán su derecho –en forma negativa-, pero eludirán su obligación. En fin.

El panorama real, resulta un tanto nebuloso: Las opciones son obtusas, con raras excepciones. Tenemos todavía encima el asunto de la Pandemia, con todo y la política sanitaria de bombos y platillo: La vacunación, que hay va, pero todavía no se debe cantar victoria y no lo digo sólo por denostar al régimen, sino que son datos duros a nivel mundial: No hay quien pueda asegurar cuándo se acaba. Y claro, ya duró demasiado, con los estragos obvios. Alrededor de 117 millones de personas infectadas y 2.6 millones de decesos, ambos por Covid-19, según cuentas de la OMS. Mientras algunos mexicanos se rompen las vestiduras políticas, por ir o estar en contra del régimen y su “líder” –ya saben quién- y en un divisionismo que cada día es más intolerante y claro, en posturas antidemocráticas. En eso y más, estamos ante la jornada electoral, que algunos exagerados aseguran es la más importante de la historia reciente, incluso, dicen que es la “última oportunidad”, antes de pasar el umbral hacia un totalitarismo disfrazado de “izquierda”, cuando más bien, va más hacia el lado contrario, dada la personalidad bizarra con que resultó el “nuevo Quetzalcóatl.” (Por más que adolece de las características: alto, blanco, barbado y sabio); de risa, o, ¿Preocupación? El otro, fue JoLoPo, que también creyó, se acercaba. Así que saquen sus conclusiones.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: ¡Salgamos a votar! Ése es el punto definitorio. Y sí, estoy de acuerdo en qué se debe frenar cualquier intento de sobre-representación, porque efectivamente, se cae en un totalitarismo, por más que se den baños democráticos. En Guanajuato, somos ejemplo vivo de antidemocracia, tenemos un Congreso con una virtual mayoría absoluta: casi un 99% de azules. El equilibrio representativo, incluso, en donde las minorías no pierdan voz y menos, voto, sigue siendo parte del ideal democrático, por más que tenga sus debilidades o grandes pecados, que amplían la deuda social de nuestro tiempo: El bienestar común. La esperanza es, en el caso mexicano, de tontos o alienados, necesitamos concreciones, sustento político, soluciones reales, no ser “rescatados” por el mismo verdugo, que nos tiene asolados. En fin. Antes de cruzar la boleta, reflexionemos una vez más. Cuídense.