/ viernes 15 de enero de 2021

Transformando la Realidad en Nuestra Propia Existencia

La vida cotidiana acaba de arrancar, debido a la pandemia nuestras vidas se han visto totalmente afectadas en muchos sentidos en comparación al 2020 por estos mismos días. Por más que hemos intentado no logramos ver lo bueno y lo bello de las cosas. Hemos aprendido por otro lado a ser más maravillados por las cosas más extraordinarias por muy comunes que sean, vemos un amanecer y decimos “Qué bonito”. Vemos como el sol pasa de oriente a poniente y decimos “Qué hermoso”. Pero también llegamos al final de la semana y decimos: “caray, todos los días son los mismos”, “esto no es vivir”. Triste es que este tipo de pensamientos comienza a ser más habitual.

Hasta donde sabemos los seres humanos, somos los únicos seres capaces de experimentar el mundo de forma estética, de encontrar en él lo que llamamos “belleza”. Al igual que nosotros y todo lo que nos rodea, estamos dentro del ecosistema de los estímulos, de distintos tipos de luces, imágenes, artes, sonidos, sabores, texturas, etc. Por ejemplo, una roca recibe la luz del sol de una forma pasiva, sin embargo, nosotros las personas respondemos de una manera efectiva y activa a los estímulos, incluso estos estímulos los podemos organizar, es decir podemos expresarnos.

Hoy sin ataduras y gracias a las facilidades de una conectividad mundial, las formas de expresión son variables, y a pesar de estar frente a un fenómeno de la naturaleza catastrófico mundial, no son las mismas maneras de conducir las manifestaciones con hechos de una persona a otra.

Resulta para muchos las cosas buenas que siempre han estado presente ser vistas de nunca forma más notoria o mejor dicho más agradecida. Pues no cabe duda que en la incertidumbre siempre estará presente lo que nunca se ha ido, pero nosotros jamás quisimos apreciar. Situaciones tan normales que nunca se agradecieron, y que fueron necesarias reconocerlas por el solo hecho de sentir miedo a quedarnos sin ese mínimo que fue lo más necesario para seguir con la triste realidad de perdernos por lo aquello que no valía la pena ni siquiera ver. Lo importante de todo es que, de alguna manera sutil, estamos muy a tiempo independientemente del tiempo o circunstancias en las que estamos de poder servir a través de la expresión por aquellos que les fue imposibilitado expresarse a su debido momento. Y la expresión no significa otra cosa más que el concepto extenso de la libertad.

No refiriéndose a la libertad física ni material sino a la libertad de pensamiento que surge a través de saber apreciar todo lo que está en el mundo material en nuestro propio interior. De poder pulir nuestras imperfecciones y poder lograr esa libertad donde podemos conocer a nuestro individuo interior. Tener como precepto la autoconciencia y la responsabilidad moral, incluso por el mismo uso de un simple cubrebocas es el más claro ejemplo de la conciencia humana colectiva, pues en su uso correcto del mismo daremos plena libertad interior personal y libertad material a otro, es decir, vida.

Todas estas manifestaciones de agradecimiento lo que era antes invisible a nuestros ojos, estas manifestaciones de expresiones al valor de la vida con el uso correcto de una cubrebocas, surge cuando cada uno de nosotros descubre la otro como sujeto de derechos, que tiene una dignidad inviolable que cada uno debe respetar.

Lo que verdaderamente se busca arrancando el año con todo el tema que vivimos es un sentimiento interior que va más allá de las circunstancias sociales, personales e incluso políticas en que nos toca vivir. El sentido este año es trascender en el entero poder para determinar y trasformar la realidad circundante, pero aún mas también es la facultad de establecer en que entorno queremos desenvolver nuestra propia existencia.

La vida cotidiana acaba de arrancar, debido a la pandemia nuestras vidas se han visto totalmente afectadas en muchos sentidos en comparación al 2020 por estos mismos días. Por más que hemos intentado no logramos ver lo bueno y lo bello de las cosas. Hemos aprendido por otro lado a ser más maravillados por las cosas más extraordinarias por muy comunes que sean, vemos un amanecer y decimos “Qué bonito”. Vemos como el sol pasa de oriente a poniente y decimos “Qué hermoso”. Pero también llegamos al final de la semana y decimos: “caray, todos los días son los mismos”, “esto no es vivir”. Triste es que este tipo de pensamientos comienza a ser más habitual.

Hasta donde sabemos los seres humanos, somos los únicos seres capaces de experimentar el mundo de forma estética, de encontrar en él lo que llamamos “belleza”. Al igual que nosotros y todo lo que nos rodea, estamos dentro del ecosistema de los estímulos, de distintos tipos de luces, imágenes, artes, sonidos, sabores, texturas, etc. Por ejemplo, una roca recibe la luz del sol de una forma pasiva, sin embargo, nosotros las personas respondemos de una manera efectiva y activa a los estímulos, incluso estos estímulos los podemos organizar, es decir podemos expresarnos.

Hoy sin ataduras y gracias a las facilidades de una conectividad mundial, las formas de expresión son variables, y a pesar de estar frente a un fenómeno de la naturaleza catastrófico mundial, no son las mismas maneras de conducir las manifestaciones con hechos de una persona a otra.

Resulta para muchos las cosas buenas que siempre han estado presente ser vistas de nunca forma más notoria o mejor dicho más agradecida. Pues no cabe duda que en la incertidumbre siempre estará presente lo que nunca se ha ido, pero nosotros jamás quisimos apreciar. Situaciones tan normales que nunca se agradecieron, y que fueron necesarias reconocerlas por el solo hecho de sentir miedo a quedarnos sin ese mínimo que fue lo más necesario para seguir con la triste realidad de perdernos por lo aquello que no valía la pena ni siquiera ver. Lo importante de todo es que, de alguna manera sutil, estamos muy a tiempo independientemente del tiempo o circunstancias en las que estamos de poder servir a través de la expresión por aquellos que les fue imposibilitado expresarse a su debido momento. Y la expresión no significa otra cosa más que el concepto extenso de la libertad.

No refiriéndose a la libertad física ni material sino a la libertad de pensamiento que surge a través de saber apreciar todo lo que está en el mundo material en nuestro propio interior. De poder pulir nuestras imperfecciones y poder lograr esa libertad donde podemos conocer a nuestro individuo interior. Tener como precepto la autoconciencia y la responsabilidad moral, incluso por el mismo uso de un simple cubrebocas es el más claro ejemplo de la conciencia humana colectiva, pues en su uso correcto del mismo daremos plena libertad interior personal y libertad material a otro, es decir, vida.

Todas estas manifestaciones de agradecimiento lo que era antes invisible a nuestros ojos, estas manifestaciones de expresiones al valor de la vida con el uso correcto de una cubrebocas, surge cuando cada uno de nosotros descubre la otro como sujeto de derechos, que tiene una dignidad inviolable que cada uno debe respetar.

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